Déjala
a ella que sea pájaro. Tu escoge otra carta.- Le dije para evitar otra
discusión más. Nunca se pondrían de acuerdo si se les dejaba solos. En la
confrontación habían encontrado su lugar de unión. Lo habían hecho desde niños y
ahora ya era demasiado tarde para que cambiaran su forma de relacionarse. La
partida acababa de empezar y ella sería pájaro para intentar volar. Pero nunca
podría escapar de ese amor que la dañaba y la ataba El siempre estaría ahí con su red evitando
que ella fuera pájaro.
martes, 6 de mayo de 2014
domingo, 4 de mayo de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
La abuela no quiere besos
- No me beses.- Me había dicho la abuela.- Soy
demasiado vieja. Ya tendría que estar muerta.
-
Pero quiero besarte.-le dije.- precisamente por
eso, porque eres vieja.
-
Tu no sabes lo que es la vida. Cuando llega una edad hay que morirse. No debería ser triste. Me duelen todas las articulaciones
cuando ando. La mitad del día no me acuerdo de quien soy. Si recorro más de 300
metros no sé donde estoy. A veces no me acuerdo ni quien eres tu.
-
Yo te diré todas esas cosas abuela. Te diré
quien soy yo, te diré donde estás, lo que has hecho antes… Así no tendrás que
pensarlo tu. Y te daré masajes en las piernas para que no te duelan.
-
Sólo ayúdame a morir.
-
¿ cómo puedo hacerlo?
-
Llévame al monte en donde se mueren los viejos.
-
¿ y, donde está ?
-
Al otro lado de la montaña. Allí nos vamos todos
cuando somos muy viejos. Allí se fue mi abuela y mi madre. Allí te podrás ir tu algún día.
-
Y.. ¿ duele morirse en el monte abuela?
-
No, no duele porque esperas y la espera nunca es
dolorosa. Cuando esperas que llegue algo sabes que siempre está más cerca y
cada vez eres más feliz. Yo quiero morirme feliz.
La abuela me permitió que le
diera un último beso en la mejilla y se quedó sentada al lado de un tronco. Al
despedirme vi su sonrisa. Tenía la eternidad pintada en sus labios.
miércoles, 9 de abril de 2014
Viaje a Italia
Cuando encontré un
billete de avión entre las páginas del libro “ bonjour tristesse” supe que
Françoise Sagan lo había escrito únicamente para mi. Un billete a Italia con
un ramo de flores, una gran caja de bombones, lencería fina recién estrenada y la cara lavada de una niña de 19 años que
no necesita acicates. Me escapé de casa para encontrarme con Mauro en Roma, la
ciudad eterna. Soñaba sólo con estar en sus brazos y que el resto del mundo se
olvidara de mi. Sagan, me decía entre páginas que el amor era eterno como Roma,
en sus líneas me contaba lo contrario. Yo no lo creía. Era imposible que
hubiera mezquindad en el amor. En Roma no había nadie esperándome y en mis
manos tenía un papel con un teléfono falso. No volví a Roma
hasta 50 años después. Allí supe que en ciertos lugares dejamos siempre un poco de nuestra alma. Mis
sentimientos y mis llantos volvieron como un boomerang a ahogarme entre las
piedras.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Las sardinas siempre miran de lado
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| Praia das Catedrais. Ribadeo. Lugo |
Inés siempre
olía a sardinas. Las traía a clase rebozadas, fritas y apretadas en su cuaderno de líneas azules. Cuando, a la
hora del recreo, se las comía, en su
lugar quedaba una mancha de grasa entre las hojas que borraba todas las líneas.
Era el momento de poner a secar el cuaderno al sol para que la capa de grasa se
fuera expandiendo por la libreta. Entonces aparecían los mapas del mundo.
Jugábamos a descubrir países entre los restos grasosos de las sardinas. Nos ayudaba
una bola gigante del mundo con los países coloreados. Siempre encontrábamos a
Uganda, con forma de avellana, o Hungría que parecía media salchicha.
Rodeábamos con un rotulador negro los
restos de grasa y nos salía un curioso mapamundi. Se mezclaban países de los
cinco continentes: un asiático, al lado de un africano y rodeado por un
europeo. A los pocos meses teníamos
muchos mundos posibles que guardábamos cuidadosamente en una carpeta. Algún día
los visitaríamos todos saltando de un continente a otro según nuestra propia
concepción del mundo. A Inés la cambiaron de colegio al año siguiente. Yo,
después de 50 años, sigo adorando el olor a sardina frita.
viernes, 7 de marzo de 2014
Marilúa y el porqué del mundo III. Los elefantes
3.-¿
Qué hay encima de los armarios ?
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| Londres |
miércoles, 5 de marzo de 2014
Una oruga bajo la tormenta
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